Missoni es, sin lugar a dudas, uno de los ejemplos más sólidos y exitosos de eso que se conoce como empresa familiar. Fundada por Ottavio Missoni y su esposa Rosita en la década de los años 50, la compañía ha pasado de padres a hijos y de hijos a nietos sin fisuras aparentes. La empresa se dedica a confeccionar prendas de punto y ha extendido sus lineas con la creación de perfumes. En los años setenta, el diario The New York Times decía de las prendas de la marca nacida en el pueblo de Lombarda que estaban hechas del mejor punto del mundo y tan sólo un año después, sus creaciones ya se exhibían en el Metropolitan de Nueva York. Según ellos mismos: “Somos artesanos. A veces ocurre que se llega a resultados óptimos en el campo de las artes aplicadas, pero si hay algo de artístico en lo que hacemos no nos toca a nosotros decidirlo”. Probablemente sea esa humildad y ese pragmatismo el que han hecho que la marca y su indisociable zigzag -tan atemporal como pegado a las tendencias- se elevase hasta el firmamento de los grandes nombres de la industria.